Hay conversaciones que sabemos que deberíamos tener… y aun así postergamos.

Las conversaciones difíciles fortalecen la confianza y la cultura. Descubre cómo hablar con claridad y valentía impulsa el crecimiento de líderes y equipos.

Y esto normalmente ocurre no porque no sepamos qué decir, sino porque anticipamos lo que puede pasar durante o después: incomodidad, tensión, emociones difíciles o incluso conflicto.

En liderazgo, muchas veces los errores no se dan por falta de estrategia, sino por evitar conversaciones importantes.

Evitamos hablar de lo que no funciona.

Evitamos aclarar expectativas.

Evitamos poner límites “para no dañar la relación”.

Y sin darnos cuenta, ese comportamiento empieza a dañar algo más profundo: la confianza.

Con el tiempo, lo que no se conversa se acumula. En mi experiencia como líder —y hoy como coach— he visto con claridad cómo ese malestar se vuelve interpretación, cómo de ahí surgen los juicios y cómo empieza a crecer una distancia invisible entre las personas.

Lo paradójico es que las conversaciones “difíciles” en sí mismas no dañan a los equipos; lo que realmente hace daño es no tenerlas a tiempo o no saber cómo sostenerlas.

Porque no se trata de confrontar sin filtro (eso no es valentía), pero tampoco de “cuidar la relación” evitando hablar con transparencia.

Tal vez se trata de elegir la claridad a tiempo, antes de que el silencio evasivo termine generando una incomodidad mucho más profunda.

Un liderazgo efectivo no es el que evita la incomodidad, sino el que sabe conversar aquello que incomoda de manera asertiva y consciente.

¿Qué conversación importante estás postergando hoy… y qué podría cambiar si te animas a tenerla con claridad y asertividad?

 
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Cuando la compasión choca con los límites: un dilema silencioso del liderazgo